by Barbara Grady, Yale Climate Connections
July 30, 2026
Cuando el residente de Watsonville, California, Angel Josue Martínez Acosta escuchó de un programa de autos compartidos eléctricos, con autos totalmente cargados disponibles para alquilar a $4 la hora, su curiosidad se despertó. En una zona predominantemente latina, donde las personas que dependen del transporte público enfrentan un servicio infrecuente y lento, tener acceso a un automóvil puede afectar profundamente la calidad de vida de los residentes. Muchas veces se trata de una cuestión de acceso al trabajo, la atención médica, la educación y alimentos saludables.
Míocar es un programa de auto compartido sin fines de lucro, subsidiado por el estado de California y gobiernos locales. El servicio fue fundado para hacer que el transporte sea más accesible en zonas de bajos ingresos afectadas por la contaminación del aire. Los usuarios se inscriben en Míocar con una cuota única de $20 y luego pagan $4 por hora o $35 por día para alquilar un vehículo eléctrico —generalmente un Chevy Bolt, aunque a veces un IONIQ 5 o un Hyundai Kona. Si un viaje supera las 150 millas, se aplica un cargo adicional de $0.35 por milla.
Durante décadas, la mayoría de los autos y camiones que circulaban por las carreteras del Valle Central y otras regiones agrícolas funcionaban con gasolina o diésel, lo que ha llevado a que la zona tenga algunos de los niveles de contaminación del aire más altos del país. Estos autos de alquiler de Míocar son eléctricos y limpios, y están estacionados cerca de complejos de vivienda, centros comunitarios y hospitales.
El principal motivo de Martínez Acosta para alquilar un Míocar es asistir a citas médicas en San Francisco, donde se encuentra la oficina de su doctor, a unas 90 millas de distancia. “La verdad se me haría muy difícil, muy complicado. Yo pienso que tal vez hasta podría perderlas [las citas], porque la verdad que si me preguntas ahorita no tengo ninguna otra opción. Tal vez agarraría un autobús o me iría en transporte público, pero de aquí a San Francisco dura como cinco horas para llegar”, dijo.
El programa de auto compartido tiene sedes en seis ciudades, la mayoría en el Valle Central —la vasta extensión de tierra donde se cultiva gran parte de las frutas y verduras del país— además de Watsonville y Richmond en la costa. La topografía del Valle Central, entre cadenas montañosas, contribuye a la alta contaminación, ya que atrapa las emisiones generadas por la actividad agrícola y los camiones diésel. Sus ciudades están entre las más contaminadas de California y su gente está entre las más pobres, con tasas de pobreza en los grandes condados agrícolas de Kern y Tulare cerca del 19%.
Un estudio de 2021 muestra que los usuarios de Míocar de mayores ingresos estaban reemplazando millas que de otro modo habrían recorrido en vehículos de gasolina. Un grupo mucho más grande de usuarios de bajos ingresos alquilaba los Míocars “para transporte que de otra manera no habría ocurrido”, dijo Brian Harold, especialista en evaluación de programas del Instituto de Estudios de Transporte de UC Davis.
Una gran parte de ese transporte que no habría ocurrido de otro modo incluye viajes para atención médica, según el mismo estudio del Instituto de Estudios de Transporte de UC Davis: el 53 por ciento de los usuarios de Míocar dijo que el servicio les permite hacer viajes en auto a lugares a los que de otra forma no habrían ido. Y de ese grupo, el 41 por ciento mencionó la atención médica como el motivo de esos viajes.

Míocar nació en 2019 cuando los gobiernos locales del Valle de San Joaquín, la mitad sur del Valle Central, se dieron cuenta de que el transporte limitado —baja propiedad de automóviles y escaso transporte público— dificultaba el acceso de las personas a la atención médica y al empleo. El Concilio de Gobiernos del Valle de San Joaquín, compuesto por gobiernos locales de ocho condados, se unió al Instituto de Estudios de Transporte de la Universidad de California en Davis para buscar cómo resolver el problema. Solicitaron subvenciones del fondo California Climate Investments del estado, que se estaban distribuyendo para programas piloto de movilidad limpia.
Gloria Huerta, directora de operaciones de Míocar, dijo que el auto compartido es uno de varios programas que el Concilio de Gobiernos del Valle de San Joaquín estableció con la ayuda del estado para mejorar la equidad en el transporte, especialmente el transporte limpio. Otros proyectos incluyen el uso compartido de bicicletas eléctricas y mejoras al transporte público, pero en las zonas rurales, el transporte público todavía no es lo suficientemente frecuente como para cubrir todos los horarios y rutas que la gente necesita. El auto compartido llena ese vacío.
“Entre los usuarios hay hogares que comparten un solo vehículo que queda ocupado porque uno de los padres lo usa para ir al trabajo todos los días, así que otros miembros de la familia alquilan un Míocar para hacer compras o ir a citas médicas”, dijo Huerta. “También tenemos usuarios cuyos autos no funcionan bien y no tienen dinero para arreglarlos. Para otros, extiende los viajes más allá de los límites del autobús, o simplemente quieren probar un vehículo eléctrico”.
Los autos de alquiler y sus estaciones de carga están ubicados cerca de proyectos de vivienda pública, centros cívicos, bibliotecas, centros para personas mayores y hospitales, “en ciudades donde los residentes no cuentan con muchos recursos”, dijo Huerta. “Como todos son eléctricos, podemos abordar tanto problemas de equidad como problemas climáticos”. Los fondos de California Climate Investments provienen de los ingresos generados por el programa estatal de límites e inversión de gases de efecto invernadero (cap-and-invest), un programa de reducción de emisiones que crea incentivos para que las empresas de servicios públicos y otras industrias del estado reduzcan sus emisiones de gases de efecto invernadero, y que respalda proyectos que reducen las emisiones, protegen la salud pública, fortalecen las economías locales y apoyan los entornos naturales.
Michael Defriese, residente de Stockton, es un gran admirador de Míocar, el cual usa dos o tres veces al mes para visitar a su madre, a 110 millas de distancia, en Santa Rosa. “Con el costo de la gasolina, el seguro y el registro, no queremos tener un auto propio”, dijo Defriese, quien vive de pagos por discapacidad del seguro social.
Se necesitan subsidios estatales para que el servicio sea viable financieramente, pero los funcionarios lo ven como una inversión para cumplir con las metas estatales de reducción de la contaminación climática proveniente del transporte y de mejora del acceso al transporte.
Los programas estatales de cambio climático y calidad del aire, incluido Míocar, están funcionando: entre 2000 y 2023, la contaminación climática de California disminuyó un 21%, mientras que el producto interno bruto estatal, una medida del crecimiento económico, aumentó un 81%, según la Junta de Recursos del Aire de California.
Míocar tuvo un comienzo aceptable en Richmond en 2023, pero todavía no ha logrado el mismo éxito que en Stockton. Recientemente, las estaciones de carga del programa Míocar en Richmond fueron vandalizadas, presuntamente por una banda organizada que buscaba el cobre del equipo de carga para revenderlo. Por eso, Richmond y sus socios están trabajando en diseñar una infraestructura de carga a prueba de vandalismo.
“Es difícil poner en marcha este tipo de programas de auto compartido. Requiere mucho trabajo de todas las partes involucradas”, dijo Harold, de UC Davis, refiriéndose a la colaboración entre ciudades, proveedores de carga, el estado y el personal de Míocar. Harold agregó que lograr una infraestructura de carga adecuada e identificar los lugares correctos para instalarla es parte del desafío.
El uso de vehículos eléctricos a nivel nacional enfrenta el mismo desafío: la infraestructura de carga poco disponible o poco confiable desalienta su uso y venta.
“La confiabilidad de los cargadores públicos es crucial para el éxito de la transición hacia los vehículos eléctricos y para transformar el sistema de transporte hacia una fuente eléctrica que respalde las metas de California en materia de emisiones y ventas de vehículos de cero emisiones”, según un informe del Centro de Investigación de Vehículos Eléctricos del Instituto de Estudios de Transporte de UC Davis.
La Solutions Journalism Network y la CO2 Foundation apoyaron este reportaje.
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