Mientras El Niño agrava la sequía en Panamá, los árboles ayudan a los ganaderos a sobrevivir » Yale Climate Connections


by Nicolas Scibelli, Yale Climate Connections
October 9, 2026

Un único arroyo abastece al ganado de la finca de Ismael “Jim” Solís, en la península de Azuero, en Panamá, que se adentra en el océano Pacífico.

Solís ha criado ganado durante incontables sequías y períodos secos, y los ha sobrellevado sin mayor preocupación.

Pero ahora que El Niño se fortalece antes de la próxima temporada seca en Panamá, teme que, por primera vez, su arroyo se seque.

“Esperamos que se siga manteniendo todavía, pero necesitamos que caiga más [lluvia] para que se mantenga a tiempo para cuando venga la época seca. ”, dijo.

Solís ha dedicado su vida a la ganadería en Azuero, desde que su familia llegó hace décadas al pequeño pueblo de Los Asientos, en el sur de la península. Su finca es una de las muchas que dominan la región y que cuadriculan el paisaje con un mosaico de pastizales ondulantes salpicados de árboles, los últimos vestigios del extenso bosque que antes cubría las colinas circundantes.

Una mujer sonríendo.
La sequía extrema ha dejado sin agua el reservorio artificial de la finca de Cecibet Peralta. (Crédito de imagen: Nicolas Scibelli).

En toda la península de Azuero, la sequía extrema está llevando al límite los recursos hídricos. Para contrarrestarla, algunos están adoptando un sistema de ganadería más sostenible conocido como silvopastoreo, un método que incorpora árboles al paisaje y ayuda a conservar el agua. Quienes han hecho el cambio afirman que la mayor cobertura arbórea ha sido vital para mantener el suministro de agua y el rendimiento de los pastos, mientras que las fincas vecinas sufren los efectos de la sequía.

Aun así, con los pronósticos de un El Niño históricamente fuerte en los próximos meses, les espera una temporada seca difícil tanto a los ganaderos silvopastoriles como a los convencionales.

Sintiendo el calor

El Instituto de Meteorología e Hidrología de Panamá declaró en mayo una alerta por El Niño, en la que advirtió de condiciones más secas en la península de Azuero y de una reducción de entre el 10 % y el 20 % de las lluvias durante la temporada húmeda de la región. A medida que pasan los meses, los ganaderos ya ven los efectos.

“Anteriormente, no hubiera sido tan duro como este año”, dijo Edwin Carrasco, ganadero silvopastoril de la provincia de Herrera.

Un hombre sonríendo hacia la cámara.
Edwin Carrasco, ganadero silvopastoril de la provincia de Herrera, en Panamá. (Crédito de imagen: Nicolas Scibelli)

El arroyo de la propiedad de Carrasco se ha secado, por lo que debe bombear agua de un pozo en el lugar. Su finca se encuentra en una situación precaria mientras persiste la sequía.

Él se siente asustado, “porque no sabemos qué vamos a hacer con los animales si no sigue lloviendo”, dijo Carrasco.

En la cercana provincia de Los Santos, Cecibet Peralta es otra ganadera que enfrenta escasez de agua. Peralta usa un gran reservorio artificial en su finca para dar de beber al ganado, aunque históricamente no siempre ha durado toda la temporada seca. Recientemente amplió la capacidad del reservorio con la esperanza de contar con agua todo el año, pero, con la sequía de este año, intensificada por El Niño, ni siquiera la ampliación ha sido suficiente.

Una foto de un pasto.
“Vallas vivas” separan los potreros en una finca silvopastoril a las afueras de Los Asientos, en el sur de la península de Azuero, en Panamá. (Crédito de imagen: Nicolas Scibelli)

El reservorio seco la ha obligado a trasladar su ganado a una finca vecina con recursos hídricos más estables. Ahora busca ampliarlo de nuevo para adelantarse al clima, que cambia con rapidez, una amenaza que sabe que persistirá en el futuro.

“Los últimos veranos, cada vez son más fuertes”, dijo. “El calor intenso hace que el agua se consuma más rápido”.

Con un clima de estaciones secas marcadas, se prevé que en Azuero aumenten las temperaturas y que las lluvias sean cada vez más irregulares en las próximas décadas. Como el cambio climático podría provocar eventos de El Niño más fuertes, es probable que vuelvan a producirse sequías prolongadas en el futuro.

Una foto de una vaca.
Una vaca camina hacia el pastizal en una finca silvopastoril de la provincia de Veraguas, en Panamá. (Crédito de imagen: Nicolas Scibelli).

La solución original de la naturaleza

Desde hace años, algunos habitantes de Azuero plantan árboles en sus fincas y usan un sistema de rotación mixta y menos intensivo conocido como silvopastoreo. Quienes han establecido estos sistemas dicen que ven resultados mientras la sequía se intensifica.

“Hoy día, tenemos más abundancia de agua debido al manejo que se le ha dado”, dijo Manuel Cedeño, ganadero silvopastoril de la pequeña comunidad de Los Asientos. “Mejor calidad del agua, mejor forraje para los animales, más biodiversidad”.

A diferencia de los sistemas convencionales, que despejan por completo la tierra para destinarla a pastizales, el silvopastoreo incorpora árboles plantados y de regeneración natural a los potreros de pastoreo. Además, utiliza ciclos de rotación mixta que reducen el sobrepastoreo y preservan la salud del suelo.

La creencia generalizada de que los árboles perjudican la producción ganadera carece de fundamento, según Jake Slusser, ingeniero forestal tropical que trabaja con la Iniciativa de Capacitación y Liderazgo Ambiental de Yale.

“Los árboles ofrecen de todo: sombra, forraje, alimento para el ganado, frutos”, dijo Slusser. “Algunos fijan nitrógeno, de modo que el pasto que consumen los animales tiene un valor nutricional mucho mayor, sobre todo en proteínas”.

Una foto de una placa solar en un pasto.
Un pozo con energía solar en una finca silvopastoril a las afueras de Los Asientos. La bomba abastece de agua al ganado de la finca y protege la calidad del agua. (Crédito de imagen: Nicolas Scibelli)

Los sistemas silvopastoriles también son cruciales para preservar el nivel y la calidad del agua. La mayoría usa bombas para llevar el agua directamente al ganado, lo que reduce la necesidad de que los animales se desplacen hasta las fuentes de agua y limita la contaminación. Además, una mayor vegetación en las zonas ribereñas aumenta la sombra y reduce la evaporación.

“En general, son fincas mucho más resilientes durante los años de El Niño, cuando hay sequías prolongadas, porque se conserva y se aprovecha el agua de la que se dispone en la finca de manera muy eficiente”, dijo Slusser.

La iniciativa de Yale trabaja con ganaderos de Azuero desde 2009 y ha ayudado a muchos de ellos a adoptar sistemas silvopastoriles. Miles de hectáreas de la península han sido deforestadas o degradadas desde que los ganaderos comenzaron a despejar la región en la década de 1940, y la mayoría se sigue usando activamente para el pastoreo de ganado. Slusser dijo que el silvopastoreo representa una oportunidad para mejorar los resultados ambientales en zonas que ya están en producción.

Una foto de vacas.
Cows grazing in a mixed-rotation pasture outside of Los Asientos. (Crédito de imagen: Nicolas Scibelli)

“Ahí es donde están los paisajes más degradados”, afirmó. “Ofrece el mayor potencial porque no se reemplazan los medios de vida tradicionales de las personas, sino que se potencian con el silvopastoreo”.

La transición al silvopastoreo no es sencilla, ya que requiere inversiones financieras y técnicas iniciales considerables. Además, este sistema no elimina por completo los impactos ambientales negativos de la ganadería, pues esta práctica sigue generando grandes emisiones de metano, un gas que contribuye al calentamiento del clima.

Aun así, los efectos positivos son evidentes para los ganaderos de zonas con estrés hídrico como Azuero. Para quienes, como Solís, aún no han hecho la transición, la sequía de este año es un argumento convincente para hacerlo.

“Porque si tú no reforestas, más rápido se te va el agua”, dijo.

Mirando hacia un futuro más seco

La sequía extrema de este año ha llevado a muchos a examinar con más detenimiento el futuro de sus fincas. La temporada seca sigue en el horizonte y los recursos hídricos de muchas fincas ya están al límite. Como los eventos climáticos extremos son cada vez más frecuentes en toda América Latina, algunos creen que el silvopastoreo ofrece una posible solución de cara al futuro.

“Es una de las formas en las cuales podemos hacer la mitigación del cambio climático y ayudar para que todo el mundo se beneficie”, dijo Cedeño.

Para Cedeño, el cambio al silvopastoreo ha sido una inversión que valió la pena. Aunque la sequía plantea nuevos desafíos en su finca, se siente seguro de que su ganado tendrá agua durante todo el próximo año. Cedeño ya ha ayudado a otros ganaderos de Los Asientos a adoptar sistemas silvopastoriles y busca ampliar aún más su propia operación.

Espera que en el futuro fincas como la suya sean la norma.

“Porque la idiosincrasia del campesino de esta área de Azero era siempre tumbar los árboles, hacer pasto y criar ganado”, dijo. “Si lográsemos cambiarle esa mentalidad a la persona, creo que podremos hacer mucho más”.

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