by Johani Carolina Ponce, Yale Climate Connections
November 2, 2026
“Cada semana busco recetas porque no sé cocinar, y ChatGPT me ayuda con ideas”, confiesa Jocelyn López, desde Virginia. Mientras, Alejandra Mendoza, residente en Miami, permite que su hijo utilice la inteligencia artificial para hacer tareas: “Es como tener un tutor disponible las 24 horas”, asegura.
Otros usuarios, como Carlos Torres, quien vive en Texas, también recurren a esta popular tecnología. “La uso para mejorar mis correos electrónicos de trabajo”, explica.
¿Te has preguntado a dónde van esas preguntas?
¿Sabías que cada vez que abres ChatGPT y formulas una pregunta o das una instrucción, activas una infraestructura de centros de datos que consume millones de galones de agua para enfriar sus servidores?
Por ejemplo, cada pregunta o instrucción de López, Mendoza y Torres se envía a enormes centros de datos distribuidos alrededor del mundo, instalaciones que albergan numerosos servidores. El calor que generan obliga a refrigerarlos, y muchos centros de datos utilizan grandes cantidades de agua para ese proceso.
Los millones de galones de agua que consume al día
Según datos divulgados por OpenAI, ChatGPT alcanza 900 millones de usuarios activos semanales y procesa 2.500 millones de “prompts” cada día. Una encuesta de Pew Research Center realizada en febrero de 2026 revela que el 44% de los adultos del país afirma haber utilizado ChatGPT. La proporción aumenta al 61% entre los adultos de 18 a 29 años.
Con más de 900 millones de usuarios semanales, ChatGPT depende de centros de datos que, en muchos casos, están en regiones con estrés hídrico, donde aumentan la presión sobre el agua que ya escasea. Los grandes centros de datos pueden consumir hasta 5 millones de galones de agua en 24 horas, equivalentes al consumo diario de agua de una ciudad de 10.000 a 50.000 habitantes. Y esto ocurre justo cuando el suroeste del país enfrenta la peor sequía en 1.200 años, una sequía agravada por el cambio climático que afecta especialmente a las comunidades latinas, muchas de las cuales dependen del trabajo agrícola y tienen menos recursos para adaptarse.
Los grandes data centers pueden consumir hasta 5 millones de galones de agua en 24 horas, equivalentes al consumo diario de agua de una ciudad de 10.000 a 50.000 habitantes.
El río Colorado, que abastece a Arizona, Nevada, California, Utah, Wyoming, Colorado y Nuevo México, y riega 5.5 millones de acres de tierras agrícolas; hoy enfrenta una doble presión: la extracción de agua para los centros de datos y el calentamiento global. Según un estudio del Servicio Geológico de Estados Unidos publicado en la revista Science, el calentamiento ha reducido su caudal cerca de un 20 % en el último siglo, porque además derrite la nieve que lo alimenta e intensifica la evaporación.
La batalla por el agua entre las comunidades y los centros de datos
Mientras las comunidades latinas del suroeste estadounidense y de México luchan por el agua que necesitan para sobrevivir, enormes centros de datos consumen ese mismo recurso.
En California, la amenaza ya tiene rostro. Carolina Páez, de 46 años y madre de un hijo y residente de Imperial, una ciudad ubicada en el Valle Imperial, a unos 185 kilómetros al este de San Diego. Justo allí se proyecta construir un centro de datos de 10 mil millones de dólares que necesitaría 750.000 galones de agua al día. El terreno colinda con el patio trasero de Carolina, tan cerca que, según dice, podría alcanzarlo lanzando una piedra.
Ella y su hijo padecen asma, y les preocupan los posibles efectos de los nuevos proyectos de construcción: el polvo, el ruido, la contaminación y el incremento de las facturas. “No solo pienso en los gastos que van a aumentar, sino en lo que va a perder valor, como mi casa”, dijo a Inside Climate News. “¿Quién va a querer vivir aquí?”.
En respuesta a estas inquietudes, en junio de 2026, el condado aprobó una moratoria de al menos 45 días sobre los proyectos de centros de datos, tanto los que están pendientes como los futuros.
Mientras tanto, en el Valle de San Luis, Colorado, la agricultura ha dependido durante décadas del agua del río Grande y de acuíferos locales. En esta región, donde siete de cada diez trabajadores agrícolas son hispanos, años de sequía agravada por el cambio climático han provocado una crisis hídrica sin precedentes, que amenaza las cosechas y el sustento de estas comunidades.
El acuífero ha perdido alrededor de 1 millón de acres-pie de agua desde 2002. Este deterioro es el resultado de una combinación de factores: 2002 fue el año más seco jamás registrado en el río Grande y, con menos agua en los ríos, los agricultores recurrieron al bombeo de agua subterránea a una escala sin precedentes para mantener sus cultivos.
El propio plan estatal de la cuenca del río Grande reconoce que la extracción de agua subterránea ha alcanzado niveles insostenibles. También advierte que la sequía prolongada y el cambio climático están alterando la hidrología de toda la cuenca, comprometiendo aún más la disponibilidad futura de agua.
A esto se suma la incertidumbre que persiste en el oeste de Estados Unidos: los siete estados de la cuenca del río Colorado —Arizona, California, Colorado, Nevada, Nuevo México, Utah y Wyoming— siguen sin alcanzar un acuerdo definitivo sobre cómo repartir sus aguas, mientras el gobierno federal podría imponer su propio plan de distribución.
En medio de esta crisis hídrica, el boom de los data centers añade una nueva presión sobre los recursos de la región. En febrero de 2026, Juan Roberto Madrid, de la organización ambiental GreenLatinos, advirtió que empresas tecnológicas gigantescas como Google, Meta y X —antes Twitter— están construyendo centros de datos masivos en estados como Arizona y Nuevo México. Estas instalaciones consumen enormes volúmenes de agua para mantener sus servidores refrigerados. Y mientras los gobiernos estatales discuten cómo repartir cada gota de agua, estas empresas siguen expandiendo su infraestructura.
La misma historia se repite a más de 2.000 kilómetros al sur. En Colón, Querétaro, México, Microsoft construyó su primer campus de centros de datos a gran escala justo cuando el municipio enfrentaba su peor sequía. El municipio de 67.000 habitantes está desesperado: sus dos principales represas, La Llave y La Venta, están casi vacías. Las familias ahora dependen del agua embotellada transportada desde otras zonas.
En La Salitrera, una comunidad del municipio de Colón, Guadalupe Hernández cultiva moras y ve cómo su cosecha desaparece. “He perdido el 60 % de mi cosecha. Sin cosecha, no hay dinero”, dice.
Lo que sucede en Colorado y en México responde a una misma crisis: mientras la sequía, agravada por el cambio climático, reduce las reservas y el suministro de agua, los centros de datos consumen cantidades cada vez mayores de este recurso vital.
Más calor para las comunidades: un impacto adicional de los centros de datos
Los centros de datos también generan contaminación térmica adicional en sus comunidades vecinas. La contaminación térmica se refiere al calor excesivo que las instalaciones industriales descargan al ambiente y que eleva las temperaturas locales.
Según una investigación de la Universidad Estatal de Arizona, los data centers están elevando hasta en 4 grados Fahrenheit, o aproximadamente 2,2 grados Celsius, las temperaturas en Phoenix. El estudio encontró que los centros de datos expulsan aire entre 14 y 25 grados Fahrenheit —entre 8 y 14 grados Celsius— más caliente que la temperatura del aire en las zonas cercanas.
El mayor centro de datos analizado, con una capacidad de 169 megavatios, genera una gran cantidad de calor residual. Se trata del calor que producen los servidores y otros equipos durante su funcionamiento y que los sistemas de enfriamiento expulsan al exterior. De acuerdo al estudio, la cantidad de calor liberada por esta instalación equivale a la que emiten aproximadamente unos 40.000 hogares.
El aire caliente puede ser arrastrado por el viento y formar franjas de calor conocidas como plumas térmicas, que pueden alcanzar vecindarios ubicados a 500 metros del perímetro del centro de datos, elevando la temperatura del entorno para las personas que trabajan o viven en la zona.
A nivel nacional, un 38 % de los estadounidenses vive a menos de 5 millas de al menos un centro de datos en operación, según Pew Research Center.
Y no son pocos los vecinos expuestos: unos 4 millones de personas viven a menos de una milla de un centro de datos regulado por la Agencia de Protección Ambiental del país (EPA). Además, un análisis del Environmental Data and Governance Initiative encontró que las comunidades de color cercanas a estas instalaciones enfrentan niveles de contaminación del aire superiores a la mediana nacional. A nivel nacional, el 38 % de los estadounidenses vive a menos de 5 millas de al menos un centro de datos en operación, según Pew Research Center.
La necesidad de regulación
Una encuesta de Climate Power realizada en febrero de 2026 mostró que, en comparaciones entre distintos problemas asociados con los centros de datos, el aumento de los costos de los servicios públicos fue elegido como la principal preocupación el 64 % de las veces.
¿Qué acciones impulsan los Estados?
- California no exige de forma general que los centros de datos reporten públicamente su consumo de agua, aunque en 2026 se presentaron nuevas propuestas legislativas para establecer ese requisito.
- En Arizona, el Departamento de Recursos Hídricos dejó de aprobar nuevos certificados de suministro de agua basados en agua subterránea en el área metropolitana de Phoenix por los bajos niveles del acuífero, pero esa exigencia aplica a los desarrollos de vivienda, no a los centros de datos, que no están obligados a demostrar un suministro de agua asegurado de 100 años.
- Nevada carece de marcos específicos sobre la ubicación y el consumo hídrico de los centros de datos. En 2026, legisladores de más de 30 estados presentaron más de 300 proyectos de ley relacionados con los centros de datos, incluidos proyectos sobre moratorias, incentivos fiscales, consumo energético, uso del agua y ubicación.
Una de esas moratorias ya llegó al Valle Imperial, donde Carolina Páez espera saber si el centro de datos se construirá al otro lado de su cerca. Mientras los legisladores deciden, las preguntas de 900 millones de personas siguen llegando a los servidores que necesitan agua para enfriarse.
Los centros de datos también disparan la demanda eléctrica
En Estados Unidos, los centros de datos consumieron alrededor del 4.4 % de toda la electricidad del país en 2023, y podrían representar entre el 6.7 % y el 12 % en 2028, según un informe del Lawrence Berkeley National Laboratory del Departamento de Energía.
La Agencia Internacional de la Energía proyecta que estas instalaciones representarán casi la mitad del crecimiento de la demanda eléctrica estadounidense de aquí a 2030: para el final de la década, los centros de datos consumirán más electricidad que la producción combinada de aluminio, acero, cemento y productos químicos.
This article first appeared on Yale Climate Connections and is republished here under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License. ![]()
Source link