by Viviana Sofía Flores Rivera, Yale Climate Connections
October 22, 2026
Este artículo es el tercero y final de una serie. Puedes leer el primero aquí y el segundo aquí.
En un archipiélago con más de 3 millones de habitantes, se estima que hay unos 200,000 residentes sordos, aunque no existe una cifra oficial debido a que no se ha realizado un censo oficial. Solo existen dos escuelas dedicadas a la enseñanza de la comunidad sorda y las dos están en el noreste de Puerto Rico.
Acceder a los servicios del gobierno, especialmente en emergencias, es particularmente difícil para estas personas, ya que existen pocos materiales y protocolos diseñados para sus necesidades y muy pocos fuera de la comunidad manejan el lenguaje de señas.
En Mayagüez, en el oeste de la isla mayor, Yamilette Luciano Ruiz y la organización Sordos Unidos de Puerto Rico trabajan con el gobierno local para cerrar esta brecha.
Desde marzo, Luciano Ruiz, contratista independiente y vicepresidenta de Sordos Unidos de Puerto Rico, ha colaborado con el gerente de la Oficina de Manejo de Emergencias y Administración de Desastres de Mayagüez, David Rivera Valentín, y la gerente del Departamento de Educación Municipal de Mayagüez, Zoemi Vélez González, para preparar a 15 policías, paramédicos estatales y miembros de la comunidad mayagüezana como enfermeros, maestros y secretarias en total en lenguaje de señas básico e intermedio para ofrecer sus servicios a personas no oyentes.
Vélez González anunció que también estarían adiestrando “cerca de 50 empleados municipales en lenguajes de señas para poder llegar a más áreas de la comunidad sorda”.
Detalló: “Los roles de las personas de este grupo de 50 son en diferentes dependencias del municipio, pues no lo queremos limitar solo a los primeros respondedores, sino [expandir] a oficinas donde las personas también van a recibir algunos servicios como asuntos al ciudadano, recursos humanos, educación municipal y el área de deportes, preparando a personal de cada área”.
Por su parte, Rivera Valentín manifestó que en el pasado han capacitado a no oyentes para que se puedan preparar para emergencias climáticas como huracanes, inundaciones, tsunamis y terremotos. Esto es algo que buscan volver a organizar, pues conoce que también es un espacio donde “puede escuchar sus preocupaciones y necesidades”.
Mientras el calentamiento global crea huracanes aún más poderosos, entre otros tipos de clima extremo, la necesidad de este tipo de educación crecerá.
Gestionan soluciones en comunidad
El entrenamiento de empleados públicos es solo una iniciativa que Luciano Ruiz hace como contratista, así como con Sordos Unidos de Puerto Rico. Este segundo, que existe desde enero de 2020, asiste a personas sordas de acuerdo con sus necesidades y donde viven. Asimismo, ofrecen talleres de planificación y preparación ante diferentes situaciones y capacitan a personas oyentes en lenguaje de señas.
Luciano Ruiz, quien es sorda profunda, conoce a detalle las necesidades de la comunidad no oyente en el oeste de la Isla. Durante varios años ha tratado de construir comunidad para los sordos en el área oeste, estableciendo una resiliencia comunitaria que les ayudará frente a eventos de clima extremo.
Frente a una brecha social de información climática accesible, una de las soluciones que se le ocurrió fue enviar noticias y avisos en lenguaje de señas, a través de videos, a un grupo de WhatsApp privado de sordos del oeste.
“Les digo: ‘Tengan cuidado porque esto es lo que va a pasar por el cambio climático.’ Yo los mantengo informados y eso es a través de videos míos que se los envío a los sordos”, compartió mediante la interpretación de Evelyn Medina, quien domina el lenguaje de señas de Puerto Rico (LSPR).
Así se comunica con su comunidad no oyente para informarles y aconsejarles sobre cualquier evento atmosférico que esté próximo a ocurrir.
Andrea López, estudiante doctoral y estratega en comunicación científica de la organización educativa en ciencia Ciencia Puerto Rico, confirmó esa brecha de información al realizar sesiones de escucha con líderes de la comunidad sorda puertorriqueña.
López estima que más de un 50 por ciento de los sordos en Puerto Rico no sabe leer. Esta cifra, aunque no es oficial ni confirmada, pues el archipiélago actualmente carece de estadísticas precisas de la comunidad no oyente y las organiza, es una de consenso general entre expertos.
“Estamos hablando de que la comunidad sorda (se calcula) es de casi 200,000 personas. No son 2 o 3 personas, estamos hablando de una cantidad significativa de la población, así que mucha gente que ahora mismo está navegando esta crisis (climática) sin ningún tipo de contexto o información valiosa”, enfatizó López.
Luciano Ruiz es solo una persona creando este contenido informativo en lenguaje de señas. A su vez, no todos los sordos de su comunidad reciben sus videos, pues algunos no utilizan teléfono celular, limitando el alcance de sus esfuerzos. En su mayoría, su comunidad está compuesta por personas de edad avanzada y, a su vez, requieren de atención individualizada.
Estos tres puntos son importantes, pues en caso de un evento causado por la crisis climática, como olas de calor extremo, falta de agua o electricidad, la respuesta de esta iniciativa queda limitada.
También, la iniciativa se reduce a la comunidad no oyente occidental, que incluye los pueblos de Mayagüez, Hormigueros, San Germán, Guánica, Lajas, Añasco y Aguadilla.
Sin embargo, los esfuerzos de Luciano Ruiz no son en vano, ya que con sus videos podría estar mejorando la capacidad de adaptación de las personas sordas.
Esto es, pues, adaptar a las personas (en este caso, a no oyentes) a peligros futuros; fortalece su resiliencia social ante la crisis climática, según se indica en el Sexto Informe de Evaluación del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés).
En el informe —que es el más reciente y completo sobre el cambio climático— también se señala que las iniciativas que fortalecen la resiliencia social mejoran el manejo de los recursos ambientales y la salud de los ecosistemas.
Estos entonces aumentan la capacidad de adaptación de personas y comunidades ante futuras amenazas y reducen su vulnerabilidad de forma justa y equitativa.
Estas acciones pueden tener un efecto dominó positivo. Los humanos que se adaptan al cambio climático crean resiliencia social en su comunidad. Así logran proteger sus recursos ambientales y ecosistemas, lo que da paso a que puedan seguir adaptándose en el futuro.
En el informe también se aseguró que “la participación ciudadana ayuda a lograr acuerdos sociales y a reducir obstáculos” para disminuir impactos, adaptarse y crear un desarrollo sostenible.
Ellos aprenden viendo
Los sordos en su mayoría aprenden viendo cómo se hacen o surgen las cosas, es decir, visualmente.
Esto fue lo que líderes no oyentes boricuas le comunicaron a López al explicarle que necesitaban formas visuales de aprendizaje —es decir, infografías como líneas del tiempo— para entender y explicar el cambio climático.
López comentó que muchos de los fenómenos atmosféricos que las personas sordas puertorriqueñas identifican son la lluvia, el sargazo, el polvo del Sáhara y los huracanes. Sin embargo, no necesariamente identifican otros, que no son tan obvios para el ojo, como las olas de calor, que están directamente relacionadas con la crisis climática y afectan a Puerto Rico.
“Hay una desconexión bien grande entre la información que están viendo visualmente y no hay recursos para ellos que los ayuden a conectar la distinta información”, López apuntó.
Es por eso que, ante esta situación, López indicó que en Ciencia Puerto Rico identifican qué tipo de información y contenido educativo los sordos boricuas necesitan.
Esto lo hacen a través de líderes en la comunidad no oyente, pues son las personas “que tienen la confianza de la comunidad y pueden ser buenos comunicadores”, así como comparten la experiencia de vivir con algún tipo de sordera.
Entonces les comparten las herramientas que necesiten para que las compartan dentro de su red de personas.
Ante la ausencia de políticas estatales, estas colaboraciones y programas liderados por la propia comunidad sorda ayudan a llenar ese vacío, creando redes de apoyo con potencial para crecer.
Luciano Ruiz suele recibir llamadas de individuos u organizaciones para apoyar, suplir y colaborar con personas no oyentes.
“Hay otros municipios en los que hay personas que me llaman”, informó ella. “Yo lo refiero. Digo: ‘En tal lugar hay una necesidad de eso que tú puedes ofrecer’ y tengo ese tipo de conversaciones con personas que tienen la disposición”.
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