El agua es el ‘oro blanco’ en los pueblos costeros que se secan en Baja » Yale Climate Connections


Nota de la editora: Este es el tercer artículo de una serie sobre la vulnerabilidad hídrica relacionada con el clima en México. Lee el segundo artículo aquí.

Poco antes de las 10 de la mañana de un viernes, Ramón Rafael Sanders abre otra Tecate Light en la cabina de su enorme camión cisterna. Con el tanque vacío en la parte trasera, el camión espera encendido bajo el abrasador sol del desierto a las afueras de la ciudad de La Paz, en Baja California Sur, México.

“Si no hay agua, no hay vida”, dijo Sanders en español. “La cerveza puede acabar. Todo el mar entero puede acabar, menos el agua [potable]”.

Calcula que esta mañana esperará una hora y media en el pozo privado antes de que llegue su turno para rellenar el tanque, en la fila de pipas. En México, “la pipa” se refiere coloquialmente a un camión cisterna

En el estado más seco del país, Baja California Sur, las pipas son una industria y una forma de vida fundamental fuera de los centros urbanos. En las zonas rurales y los pueblos pequeños, conforman la cadena de suministro entre los pozos y las plantas de tratamiento de agua, y los innumerables tinacos en casas particulares, ranchos y negocios.

Los camiones cisterna también son comunes en algunos países africanos que enfrentan crisis hídricas, en la Gaza devastada por la guerra, y en regiones del mundo donde la infraestructura municipal de agua entubada es inexistente, limitada o está comprometida.

Para Sanders —y para cualquier consumidor que tiene que llamar a la pipa cada vez que se vacía el tinaco de su casa— el modelo de distribución es un recordatorio diario de que el agua no es un recurso infinito. El desarrollo está impulsando la demanda de agua justo cuando esta se vuelve cada vez más escasa como resultado de las olas de calor, inundaciones y sequías provocadas por el cambio climático.

Estas fuerzas moldean la vida de Sanders, quien a sus 70 años dirige un negocio de purificación de agua y servicio de entrega en pipa en su pueblo natal de El Sargento, en Baja California Sur.

“Con el cambio climático, no se cuida del planeta”, dijo. “No sabemos qué va a pasar”.

Los huracanes y las tormentas tropicales traen agua dulce a la Península de Baja California, que se extiende hacia el sur de California a lo largo de 1,220 kilómetros (760 millas) entre el océano Pacífico y el Golfo de California.

Pero cuando las lluvias estacionales no llegan o no logran saturar el suelo, los niveles pueden bajar en los acuíferos que abastecen tanto a los pozos como a las pipas.

Donde el agua es ‘oro blanco’

La presión del turismo y el desarrollo en esta región desértica durante los últimos 20 años está extrayendo agua de algunos acuíferos más rápido de lo que el ciclo natural puede reponerlos.

Esta realidad de escasez y demanda crea una paradoja para Sanders y otros en la industria del agua.

Hoy en día, la demanda de agua dulce significa un negocio próspero. Pero si la demanda continúa disparándose mientras aumenta la presión sobre el sistema hídrico natural, en el mejor de los casos, la calidad del agua en el acuífero se deteriorará. En el peor, el agua podría agotarse.

Sanders cambió de ser pescador comercial en el océano a proveedor de agua dulce hace aproximadamente 25 años. Dijo que una de las razones del cambio fue su miedo al océano después de que su barco se hundiera, un incidente que lo dejó perdido en el mar con su hijo durante varios días.

Al acercarse a los 50 años, abrió su negocio de agua purificada El Mezquite para servir a los pueblos costeros gemelos de El Sargento y La Ventana. Ambas comunidades están creciendo rápidamente con inversión en turismo de aventura, propiedades vacacionales y nuevas casas de temporada que pertenecen principalmente a migrantes estadounidenses y canadienses.

“El agua es oro blanco líquido”, dijo Sanders. “Es el mejor negocio que puedes encontrar.”

Muchos de estos visitantes y residentes llenan sus garrafones de agua de veinte litros y sus campers diariamente en el negocio de purificación de agua de Sanders, que recientemente amplió su capacidad de tratamiento.

Antes de vender el agua potable, Sanders la pasa por un sistema de carbón activado y filtra la sal, otros minerales y posibles bacterias. Este paso significa que el empeoramiento de la contaminación de los pozos aumenta sus costos de tratamiento.

Estima que vende 5,000 litros de agua potable al día durante la temporada alta.

Además, recarga los tinacos principales de casas particulares con su pipa de 10,000 litros. En los días ocupados, comienza a las 5 a.m. y hace tres viajes de recarga de agua al pozo en el pueblo cercano de Los Planes.

El pozo cobra 500 pesos mexicanos por cada 10,000 litros, que él entrega a los residentes particulares por aproximadamente 1,500 pesos, con el servicio completo de llenado de sus cisternas.

El flujo impredecible del agua

Sanders dice que recuerda que hace 40 años las lluvias estacionales eran más predecibles en las colinas sobre El Sargento, con precipitaciones que llegaban regularmente a principios del verano.

“Está cambiando. En mis años de atrás, fue mucho mejor que hoy, principalmente por la lluvia”, dijo.

Los registros de las últimas cuatro décadas muestran una precipitación anual promedio de apenas 18 centímetros en el municipio de La Paz, que incluye El Sargento. Pero las variaciones pueden ser drásticas, oscilando entre apenas 2.7 centímetros de lluvia en un año y hasta 16 veces esa cantidad en otro. Los años con casi nada de lluvia traen poca o ninguna recarga en el acuífero y los pozos bajo el suelo.

En la región de La Paz, el verano tardío de 2025 registró varios centímetros de lluvia. Esto siguió a aproximadamente 18 meses con casi nada de lluvia, lo que hizo de 2024 el año más seco de este siglo en Baja California Sur. Los expertos temen que rachas secas consecutivas en un futuro cercano podrían devastar la seguridad hídrica.

“El problema es muy complicado del agua”, dijo María Z. Flores López, hidróloga y directora del Programa de Manejo Integral del Agua en la Universidad Autónoma de Baja California Sur. “Poca lluvia. Intrusión salina. Población creciendo cada año y turismo.”

En los acuíferos costeros, una disminución en el nivel de agua dulce provoca que el agua de mar se filtre, una amenaza agravada por el aumento del nivel del mar. Dicho de otra manera: a medida que la demanda municipal sobre el acuífero de agua dulce aumenta, el agua disponible se vuelve más salada, lo que requiere mayor filtración y tratamiento antes de su uso.

A la luz de los desafíos hídricos de Baja y del acuífero de La Paz operando con déficit, el gobierno federal está construyendo una nueva presa de 133 millones de dólares, El Novillo, diseñada para abastecer de agua a 250,000 habitantes.

Una foto de dos personas mirando hacia la cámara y hay un tanque en el que fluye agua.
Ramón Rafael Sanders llena el tanque de agua de su camión en un pozo en Los Planes, Baja California Sur, México. (Crédito de imagen: Tree Meinch)

Siendo testigo de una Tierra fuera de equilibrio

Después de lanzarle una cerveza fría a otro conductor de pipa que esperaba en el pozo, Sanders comparte su visión de nuestro planeta en transformación. La extracción excesiva de petróleo, dice, es un problema grave.

“Hay muchas personas a las que les importa más el dinero que la tierra. De la tierra están sacando el dinero y quieren hacerse más ricos y más ricos”, dijo.

Levanta los dedos formando un círculo, describiendo la Tierra como un huevo. Los humanos están extrayendo la sustancia del centro, dijo, una acción que desequilibra todo lo que lo rodea.

Notó el cambio por primera vez con una disminución en la vida marina. Ahora lo ve en los patrones de lluvia y en la disponibilidad de agua dulce. Incluso los rayos del sol queman más hoy en día, dijo —en consonancia con estudios que señalan el calor y el aumento de las tasas de evaporación como un acelerador de la sequía en los últimos años.

“Si un borracho toma mucho, ¿pues cómo lo ve cuando va caminando? A la tierra le está pasando lo mismo”, dijo Sanders.

Hasta ahora, dice, nada de eso ha frenado su negocio. Incluso puede estar aumentando la demanda de su agua limpia, por el momento. Pero se pregunta qué futuro les espera a sus cinco hijos y 12 nietos.

“No tengo mucho dinero ni nada, ¿pero sabes lo que tengo? Una familia muy buena. Es lo principal”, dijo. “Y son ellos los que se quedan”.

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