10 cosas que debes saber sobre los domos y las olas de calor » Yale Climate Connections


by Rafael Méndez Tejeda, Yale Climate Connections
July 9, 2026

Es posible que hayas escuchado los términos ‘ola de calor’ y ‘domo de calor’ en las noticias, especialmente durante los meses de verano. Pero a veces no queda tan clara la diferencia entre ambos.

¿Cuál es la diferencia entre domo de calor y ola de calor?

Una ola de calor indica exposición a temperaturas peligrosas por un periodo extendido. Un domo de calor advierte que existe una estructura atmosférica capaz de sostener y agravar ese peligro. 

Lo esencial es que la sociedad enfrentará calor extremo sobre un fondo climático más cálido, con mayor presión sobre energía, salud, agua y alimentos.

Un domo de calor se forma cuando un sistema de alta presión permanece casi inmóvil sobre una región durante varios días o incluso semanas. Esta alta presión funciona como una “tapa” atmosférica: empuja el aire hacia abajo, dificulta la formación de nubes y limita el movimiento vertical que normalmente ayuda a dispersar el calor. Cuando el aire baja desde niveles más altos de la atmósfera, se comprime y se calienta. Ese calentamiento hace que el calor se quede atrapado cerca del suelo y que las temperaturas se mantengan altas durante varios días. Por eso, un domo de calor no es solo una ola de calor más: es una especie de maquinaria atmosférica que sostiene, expande e intensifica el calor extremo sobre grandes regiones.     

Una ola de calor no se define por una temperatura universal, sino por anomalías respecto a la climatología local. 

Una ola de calor no se define por una temperatura universal. Depende de los umbrales normales de cada región, estación del año y capacidad de adaptación de la población. Operacionalmente, suele describirse como varios días consecutivos con temperaturas máximas y, a menudo, mínimas nocturnas por encima de percentiles altos o de umbrales oficiales. Así, el domo de calor es el mecanismo atmosférico que acumula y sostiene el calor, mientras que la ola de calor es el evento térmico observado en la superficie.

Las corrientes en chorro ayudan a crear estas olas de calor

En la atmósfera existen corrientes de chorro, conocidas en inglés como jet streams, que son bandas de vientos muy rápidos ubicadas a gran altura. Estas corrientes ayudan a dirigir los sistemas de presión y marcan la separación entre masas de aire con temperaturas muy diferentes.

Cuando el flujo de estas corrientes se ondula mucho o avanza lentamente, puede favorecer lo que se conoce como bloqueo atmosférico. En esos casos, una zona de aire cálido y alta presión puede quedarse casi estacionaria sobre una región. Esto refuerza el domo de calor y mantiene el descenso del aire, cielos despejados, poca lluvia y una fuerte entrada de radiación solar. Además, si el suelo comienza a secarse, se reduce la evaporación, que normalmente ayuda a refrescar el ambiente. Al evaporarse menos agua, más energía solar se utiliza para calentar directamente el aire y la superficie.

Como resultado, aumentan tanto las temperaturas máximas durante el día como las temperaturas mínimas durante la noche.

¿Hay una conexión entre el cambio climático y los domos de calor?

El calentamiento global no causa por sí solo cada domo de calor; la atmósfera siempre ha producido altas presiones, dorsales y bloqueos. Sin embargo, eleva la línea de base térmica sobre la cual ocurren estos procesos. En un planeta más cálido, los mismos patrones climáticos generan temperaturas más altas ahora que en el pasado. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) ha señalado que los extremos de calor, incluidas las olas de calor, se han vuelto más frecuentes e intensos en la mayoría de las regiones terrestres desde la década de 1950. Además, la Organización Meteorológica Mundial advierte que el calor extremo debe evaluarse por la acumulación de calor durante varios días y noches, no solo por las máximas diurnas.

¿Cuáles son los impactos económicos de calor extremo?      

El calor persistente puede acelerar sequías rápidas, aumentar el consumo eléctrico, reducir la productividad laboral, afectar cultivos y ganado, deteriorar la calidad del aire y favorecer incendios forestales. En zonas costeras y tropicales, la combinación de temperatura elevada, humedad y noches cálidas incrementa el estrés térmico, aun cuando las máximas no parezcan extremas frente a regiones continentales. Por eso, el riesgo debe evaluarse junto con la humedad, duración, vulnerabilidad social y capacidad de adaptación.

¿Cómo las olas de calor afectan la salud?

Estos riesgos afectan con mayor intensidad a los adultos mayores, niños, personas con enfermedades crónicas, trabajadores al aire libre y comunidades con menor acceso a refrigeración adecuada. En los espacios urbanos, la isla de calor agrava aún más la exposición, ya que el asfalto, el concreto y las edificaciones absorben y retienen calor durante el día, elevando las temperaturas nocturnas y reduciendo la capacidad del cuerpo para recuperarse del estrés térmico acumulado.

¿Por qué Europa sigue teniendo olas de calor tan terribles?

Europa es una de las regiones más sensibles al aumento del calor extremo. Informes recientes de Copernicus y la WMO indican que el continente se calienta aproximadamente al doble del promedio global desde la década de 1980. Esto ayuda a explicar la recurrencia de olas de calor severas en el Mediterráneo, Europa occidental y oriental, e incluso en latitudes subárticas. En 2024, Europa registró su año más cálido, con más días de estrés térmico y noches tropicales; en 2025 volvió a experimentar episodios excepcionales de calor.

Europa y Estados Unidos muestran que las olas de calor actuales ya no pueden entenderse como episodios meteorológicos aislados, sino como eventos cada vez más intensificados por un clima en calentamiento. En Europa, estos episodios suelen estar asociados con bloqueos atmosféricos, sistemas persistentes de alta presión y el desplazamiento de masas de aire muy cálidas procedentes del norte de África o del Mediterráneo. Cuando la alta presión permanece estacionaria, el aire desciende, se seca y se recalienta, favoreciendo la acumulación de calor cerca de la superficie. Si, además, los suelos están secos, disminuye la evapotranspiración y una mayor proporción de la energía solar calienta directamente el suelo y el aire. Países como Alemania, Inglaterra y Francia ya han registrado temperaturas superiores a los 42 °C equivalentes a más de 107 °F, y una sensación de calor que supera los 120 °F, con consecuencias severas para la salud pública y miles de muertes asociadas al calor extremo.

¿Cómo las olas de calor afectan a Estados Unidos?

En Estados Unidos, los domos de calor se han vuelto recurrentes en el oeste, el suroeste, el centro, el sur y la costa este, donde grandes áreas de alta presión pueden desplazar la corriente en chorro hacia el norte y atrapar aire caliente cerca de la superficie. Sin embargo, el riesgo no depende solo de temperaturas récord: en el sureste y la costa este, la humedad puede elevar el índice de calor a niveles peligrosos, mientras que en el oeste y el suroeste el calor seco, la sequía y los incendios forestales agravan sus impactos. En ambos casos, la isla de calor urbana, el envejecimiento poblacional y los mares cada vez más cálidos aumentan la vulnerabilidad, mientras el calentamiento global favorece olas de calor más frecuentes, prolongadas e intensas.

¿Cómo las olas de calor afectan al Caribe?    

 El Caribe enfrenta una situación distinta, pero igualmente preocupante. En las islas tropicales, el calor extremo no siempre se expresa con máximas comparables a desiertos o llanuras continentales; su peligrosidad surge de la combinación de temperatura elevada y la alta humedad persistente, noches cálidas, baja ventilación y alta exposición social. Puerto Rico, las Islas Vírgenes, República Dominicana y otras islas han registrado episodios recientes con índices de calor superiores a 110 °F durante buena parte del verano. Los  veranos de 2023 y 2024 fueron históricos en Puerto Rico y las Islas Vírgenes, con anomalías térmicas, mares cálidos y mayor demanda energética.

En el Caribe, las olas de calor marinas no solo amenazan los arrecifes de coral, las pesquerías, la biodiversidad y el turismo; también tienen implicaciones directas para la salud pública. A diferencia de muchas regiones continentales, donde la sequedad del suelo puede intensificar el calentamiento, en las islas caribeñas la humedad oceánica eleva el estrés térmico al limitar la evaporación del sudor, principal mecanismo natural de enfriamiento del cuerpo. Cuando este proceso pierde eficiencia, el organismo tiene mayor dificultad para regular su temperatura, lo que incrementa el riesgo de deshidratación, agotamiento por calor, golpe de calor y descompensaciones cardiovasculares, respiratorias o renales.

En el Caribe, el calor extremo golpea sobre una realidad ya vulnerable. La región depende cada vez más de la energía para enfriar hogares, escuelas, hospitales y espacios de trabajo; concentra buena parte de su población en zonas costeras urbanizadas; mantiene viviendas poco eficientes para enfrentar altas temperaturas; sufre apagones recurrentes; y cuenta con sistemas de salud que muchas veces operan con recursos limitados. En ese contexto, una ola de calor no es solo un evento meteorológico: es un riesgo socioambiental que puede afectar la salud, la productividad, la seguridad energética y la vida cotidiana.

¿Cómo nos preparamos para el calor aún más extremo?    

Los domos de calor seguirán formando parte de la variabilidad natural, pero sus efectos serán más severos mientras aumente la temperatura media global. Cada fracción adicional de calentamiento incrementa la probabilidad de extremos cálidos más frecuentes, intensos y duraderos. Además, un Ártico que se calienta rápidamente podría favorecer patrones atmosféricos más persistentes, aunque la magnitud regional de ese vínculo aún se investiga. 

El calor extremo debe tratarse como lo que ya es: uno de los grandes riesgos climáticos de nuestro tiempo, con bases físicas claras y consecuencias sociales profundas. Ignorarlo ya no es una opción; prepararse es una necesidad urgente.

Adaptarse a este nuevo escenario exige mucho más que esperar a que pase el calor. Requiere vigilancia climática local, alertas tempranas basadas en el índice de calor, identificación de las comunidades más vulnerables, acceso a refugios climáticos y centros de enfriamiento, protección para quienes trabajan al aire libre, más sombra y vegetación en las ciudades, viviendas y edificios energéticamente eficientes, educación pública y una planificación eléctrica capaz de resistir los picos de demanda. 

This <a target=”_blank” href=”https://yaleclimateconnections.org/2026/07/10-cosas-que-debes-saber-sobre-los-domos-y-las-olas-de-calor/”>article</a> first appeared on <a target=”_blank” href=”https://yaleclimateconnections.org”>Yale Climate Connections</a> and is republished here under a <a target=”_blank” href=”https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/”>Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License</a>.<img src=”https://i0.wp.com/yaleclimateconnections.org/wp-content/uploads/2020/10/ycc-favicon.png?resize=100%2C100&amp;ssl=1″ style=”width:1em;height:1em;margin-left:10px;”>

<img id=”republication-tracker-tool-source” src=”https://yaleclimateconnections.org/?republication-pixel=true&post=140069&amp;ga4=1401ERFF5Q” style=”width:1px;height:1px;”><script> PARSELY = { autotrack: false, onload: function() { PARSELY.beacon.trackPageView({ url: “https://yaleclimateconnections.org/2026/07/10-cosas-que-debes-saber-sobre-los-domos-y-las-olas-de-calor/”, urlref: window.location.href }); } } </script> <script id=”parsely-cfg” src=”//cdn.parsely.com/keys/yaleclimateconnections.org/p.js”></script>





Source link

Matt Lauer Spotted With GF Shamin Abas During Rare Outing

Coconut Curry Chicken and Rice Bake

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *