La Copa Mundial de la FIFA 2026 tiene un plan ambiental que plantea reducir emisiones y los impactos locales » Yale Climate Connections


Un análisis de Scientists for Global Responsibility y el New Weather Institute calcula que el Mundial 2026 podría generar alrededor de 9 millones de toneladas de emisiones, una cifra casi el doble de la asociada a Copas del Mundo recientes celebradas entre 2010 y 2022, incluidas las de Sudáfrica, Brasil, Rusia y Catar. Dicho de otro modo, el impacto climático del torneo sería comparable al de las emisiones anuales de alrededor de seis millones de automóviles, según estimaciones divulgadas por el mismo análisis. Según los investigadores, el principal factor detrás de ese aumento sería la expansión masiva de los viajes en avión.

Una razón clave es la geografía. El torneo de 2026 se extenderá por tres países —Estados Unidos, Canadá y México— cubriendo una superficie combinada de aproximadamente 21.782.562 kilómetros cuadrados. Dado que las ciudades anfitrionas estarán distribuidas a lo largo de este vasto territorio, se espera que los equipos, los oficiales y los aficionados dependan en mucha mayor medida de los viajes aéreos de larga distancia entre sedes que en los torneos recientes.

Puede ser que la Copa Mundial de 2026 sea la más grande y más vista en la historia del torneo, con 48 selecciones nacionales y 104 partidos, frente a los 32 equipos y 64 encuentros de ediciones anteriores. Para dimensionar su escala: el Super Bowl LIX, el evento televisivo más visto del deporte estadounidense, atrajo un promedio de 127,7 millones de espectadores en Estados Unidos en 2025.

En contraste, la Copa Mundial de la FIFA 2022 alcanzó una audiencia global acumulada estimada en alrededor de 5.000 millones de personas en todo el mundo, según reportes oficiales de audiencia y compromiso global emitidos por la FIFA. Un torneo de esta magnitud está bajo un intenso escrutinio, no solo deportivo, sino también climático y mediático.

Esa expansión sin precedentes en tamaño, duración y movilidad internacional ha reavivado el debate sobre el impacto climático de los megaeventos deportivos. Investigadores y organizaciones independientes como Scientists for Global Responsibility, Environmental Defense Fund, Cool Down – the Sport for Climate Action Network y el New Weather Institute advierten que, debido al aumento de viajes aéreos, la dispersión geográfica de las sedes en tres países y la ampliación del número de partidos, el Mundial 2026 podría convertirse en el torneo más contaminante de la historia.

Desde Canadá, uno de los tres países sede del torneo, el Mundial 2026 despierta una mezcla de entusiasmo y preocupación. Alejandro Changeur, administrador de empresas y fanático del fútbol que vive en Ottawa, sigue la Copa del Mundo con pasión, pero también con una conciencia ambiental cada vez más presente. “Me encanta el fútbol y el Mundial es algo que uno espera durante años, pero no puedo ignorar el impacto que tiene. Trato de hacer todo lo que está a mi alcance como ciudadano para reducir mi huella ambiental, y eso te obliga a preguntarte hasta qué punto estos eventos son compatibles con el cuidado de la naturaleza”.

Ese dilema se vuelve personal cuando piensa en la posibilidad de viajar para ver partidos. Para Changeur, optar por seguir el torneo por televisión, aunque reconoce que no es lo mismo, aparece como una forma de reducir su impacto ambiental en un evento cuya escala obliga a replantear la relación entre pasión deportiva y responsabilidad climática.

La FIFA ha presentado un plan ambiental que plantea medir y mitigar emisiones, reducir impactos locales y promover mejores prácticas en infraestructura, transporte y gestión de recursos. El desafío, tanto para el clima como para la credibilidad de la organización, radica en si esas estrategias lograrán equilibrar la huella ambiental de un evento de escala global sin precedentes.

El contraste entre el Mundial que se avecina y el torneo anterior ayuda a entender por qué la logística se ha convertido en un factor central del debate climático. “Venimos de un Mundial como el de Qatar que se jugó todo en la misma ciudad. Todo se jugó en Doha”, declaró vía telefónica desde Madrid Sergio Levinsky, periodista y sociólogo, doctor en Filosofía y Ciencias del Deporte por la Universidad de Barcelona, que escribe sobre fútbol internacional en medios de América, Europa y Australia. En Doha, esa concentración evitó los vuelos internos entre partidos: los ocho estadios estaban ubicados a distancias relativamente cortas, conectados por metro y autobuses, incluida una flota con unidades eléctricas, e incluso accesibles a pie en algunos casos. Ese modelo compacto redujo los desplazamientos largos y la dependencia del transporte aéreo, un escenario que contrasta con el Mundial 2026, que requerirá viajes constantes en avión entre ciudades muy distantes. “Este Mundial será un Mundial de avión con distancias muy largas y con muchos problemas”, agregó Levinsky.

Lo que propone la FIFA para reducir el impacto ambiental del Mundial 2026

Frente a las advertencias de investigadores y organizaciones independientes, la FIFA sostiene que el Mundial 2026 puede reducir y mitigar su impacto ambiental mediante un plan integral de sostenibilidad. Según la organización, la estrategia busca medir las emisiones del torneo, reducir impactos locales y promover mejores prácticas en infraestructura, transporte y gestión de recursos, con el objetivo de dejar un “legado positivo” en las ciudades sede. “Ya sea que hablemos de clima, derechos humanos, enfermedades o discapacidades, estamos comprometidos a hacer nuestra parte, respetando el hecho de que la FIFA cuenta con 211 asociaciones miembro, que representan a todo el mundo”, dijo el presidente de FIFA, Gianni Infantino, en la página oficial del organismo donde desglosa la estrategia de sostenibilidad de la Copa 2026.

Entre las líneas centrales del plan, la FIFA plantea fomentar infraestructura y operaciones más sostenibles en los estadios y sedes temporales, incluyendo estándares de construcción, eficiencia energética y el uso de energías renovables. También propone trabajar con las ciudades anfitrionas para promover el transporte público, el uso de vehículos de bajas emisiones y la optimización de rutas aéreas y terrestres para reducir desplazamientos innecesarios.

En Houston, por ejemplo, el comité anfitrión del Mundial 2026 se ha comprometido a abastecer con electricidad 100 % renovable los principales sitios oficiales del torneo y a aplicar medidas de eficiencia energética, incluyendo la optimización de soluciones temporales de energía para reducir emisiones. En Atlanta, el Mercedes-Benz Stadium, otra sede del torneo, opera con energía renovable y cuenta con más de 4,000 paneles solares instalados en el recinto, como parte de su estrategia de sostenibilidad.

El plan incluye, además, compromisos en gestión de residuos y economía circular, con medidas para reducir el desperdicio de alimentos, reutilizar materiales de construcción e infraestructura temporal, y mejorar los sistemas de reciclaje durante el torneo. En materia de uso del agua, la FIFA señala que impulsará tecnologías de riego más eficientes y prácticas de conservación de biodiversidad. Básicamente, se refieren a que las ciudades deben proteger la fauna y la flora en las áreas que puedan verse afectadas por el torneo, y considerar incluso el manejo adecuado de animales.

En la práctica, no todas las ciudades anfitrionas cuentan con la infraestructura necesaria para cumplir plenamente con estos compromisos.

“Texas no tiene una buena infraestructura en lo que se refiere a transporte público. Yo diría que el 90% de la población depende de vehículos propios o Uber. No veo cómo la FIFA pueda hacer algo para mitigar esto”, afirmó vía telefónica desde Texas el ingeniero José Manuel Febres, quien es fanático del fútbol y planea ir a varios partidos en Texas.

Pero otros, sí.

Seattle sí ha destacado algunas iniciativas ambientales vinculadas al estadio donde se jugarán los partidos del Mundial. El Lumen Field cuenta con programas de sostenibilidad que permiten desviar entre el 90 % y el 95 % de los residuos del vertedero mediante reciclaje y compostaje, esfuerzos que la ciudad planea ampliar durante el torneo.

Actualmente, ocho de los 16 estadios, siete en Estados Unidos y el BC Place en Canadá, cuentan con césped artificial. Para el Mundial, todos los recintos, incluidos los cuatro con techo, instalarán canchas de césped natural híbrido, que pueden secuestrar carbono, mejorar la biodiversidad y reducir el efecto de isla de calor.

Desde la perspectiva institucional, la FIFA presenta estas medidas como una respuesta alineada con su estrategia climática y con la creciente presión para que los grandes eventos deportivos reduzcan su huella ambiental. Sin embargo, el desafío central sigue siendo si este conjunto de iniciativas será suficiente para compensar el impacto de un torneo.

Yale Climate Connections solicitó comentarios adicionales a la FIFA sobre las estimaciones de emisiones del Mundial 2026 y sobre cómo se implementarán estas medidas en la práctica, pero no recibió respuesta antes del cierre de esta nota.

Otra lectura ofreció Ricardo Setyon, periodista internacional especializado en fútbol, con experiencia en nueve Copas del Mundo y ex asesor de FIFA. Si bien reconoce que el tema ambiental “está en la mesa de los tomadores de decisiones”, cuestionó el papel de las ciudades anfitrionas en la implementación concreta de esas metas. Para Setyon, el punto clave no es únicamente el plan de la FIFA, sino el liderazgo local: “No depende de la FIFA ni del comité organizador que las ciudades tomen iniciativas”.

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